Homenaje a Rubén García

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Como de lo que se trata es de hablar del Levante y el pasado lunes solo compareció en el Ciutat de València un tal Pione Sisto, desviaremos nuestra atención del encuentro y del quizás nuevamente discutible estado psicomotriz de nuestros fichajes para centrarla en la de un muchacho que se ha ido y al que al menos aquí echaremos de menos. Ahí va nuestro homenaje a Rubén García, escrito del tirón y sin consultar ni la hemeroteca ni las estadísticas, inspirado más bien en lo que fue como jugador del Levante: momentos y sensaciones.

Creo que apareciste por primera vez en el Ciutat contra el Espanyol. Te metió Juan Ignacio Martínez, a medias para revertir un resultado adverso, a medias para denunciar la insuficiencia de una delantera cuyas expectativas en agosto eran para echarse a llorar: el delantero Ángel, antes de ser el delantero letal que es hoy (o ya lo era y fuimos unos pardillos, cosa que sospecho) y Theofanis Gekas, con lumbago, problemas conyugales y aquel trote borriquero. Con estos dos fulanos teníamos que encarar tres competiciones. Participaste discretamente de la remontada contra el Espanyol y en las siguientes fechas te llegarían a alinear de delantero centro. Pero el tiempo, la llegada de Obafemi Martins y la lesión de Juanlu ponen a cada uno en su sitio. De este modo la empezaste a romper por la izquierda, dando la frescura necesaria a un equipo de debutantes en los noventa. Llegaste a debutar con la Selección sub-21 y muchos temimos que volvieras de Las Rozas convertido en un futbolista mojigato, pero mantuviste ese punto de macarrismo fundamental para el Levante 2010-2014. Con Caparrós tres cuartos de lo mismo. Nos tuvimos que aferrar a la plasticidad de tus centros y golpeos y a Keylor Navas para disfrutar de un poco de magia en aquel año de pragmatismo puro. Con Mendilibar pasó algo raro que ni me interesa esclarecer: te tenía manía, o estabas tonto, o sufrías ansiedad o el Borussia Dortmund había preguntado por ti o vete tú a saber la milonga que nos encalomaron para que no encendiéramos antorchas reclamando tu titularidad semana tras semana. Igualmente tuviste el arrojo de meter el primer gol de la temporada a 24 de septiembre, lo recuerdo porque me pillaste en el baño. Qué buenos goles metiste siempre. No muchos, pero sí importantes. Paradójicamente, según decrecía tu importancia en el juego del equipo, más peso ganabas como elemento de propaganda y marketing. Guapo fuiste siempre y no íbamos a empapelar los muros del Ciutat con la cara de Pedro López presentando las equipaciones. Tu imagen queda asociada a la del compromiso inquebrantable del canterano (en tu caso con razón) y el club sabía que eso gusta. Tu estrella siguió apagándose y a partir de cierto momento, cuando jugabas, ya no lo hacías para ayudar al equipo, si no para demostrar que podías ayudar al equipo. Mal asunto si dispones de poco tiempo y malos acompañantes, situación que se fue agravando hasta la temporada del descenso. Qué ansiedad me dabas tratando de salvar al equipo tú solo en 15 minutos con 2-0 en contra. No te salía nada, pero al menos te dolía. Tras la enésima final perdida de Rubi, yo ya solo deseaba estar en Segunda para que tiranizaras la competición y lideraras el ascenso. No ocurrió nunca. Jugaste menos que en Primera. Quedaste estigmatizado y como ocurriera con otros, como Casadesús, el descenso no sirvió para empezar de cero. Ochocientos minutos en una competición en la que habrías sido titular en 21 equipos; fuiste víctima de que todo funcionara correctamente. Lo anterior lo corroboró tu cesión al Sporting, decidida supongo de común acuerdo, quiero pensar que con tristeza por ambas partes, resignados a unas circunstancias que te impidieron convertirte en leyenda granota. Putas circunstancias.

A pesar de que puedes volver de Osasuna en dos años, sospecho que no te veremos el pelo (¡qué pelazo!) nunca más por aquí. Las has visto de todos los colores y aun así nunca has estado mejor que el primer día, parecemos estar condenados a no ser tu lugar en el que triunfar en Primera. Creo que la pena debería ser más grande para el Levante que para ti.

 

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Cuando despertó, Paco López seguía ahí

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No tengo ningún interés en saber de dónde salió Paco López. Los profundos surcos de su rostro evocan a ascensos a Segunda B, a campos de tierra, a puñaladas en la dirección de filiales, a desengaños profesionales, a fracasos rotundos y a éxitos no reconocidos. Me vale con estas reminiscencias, no es necesario ahondar en su trayectoria porque lo que Paco López ya ha hecho en el primer equipo del Levante no es la culminación de una carrera. El camino que le ha llevado hasta aquí de rebote lo han recorrido muchos. Sencillamente le dieron un puesto de entrenador de primera división y ha roto el puto molde.

Tampoco quiero plantearme qué sabrá hacer Paco López cuando vengan mal dadas. Podría ser, puestos a no elucubrar, que Paco López ya hubiese evitado en algún momento del tramo final de la temporada pasada una mala racha, que se hubiese anticipado al mal. A lo mejor ha tenido suerte. Es que no lo sé, la verdad. La naturaleza de este fulano se me escapa. Juega con defensa de cuatro y poco más te sé decir. Ni siquiera puede, llamándose Paco López y con esa cara, dotar sus éxitos del misticismo que otro entrenador en las mismas circunstancias ya habría adquirido.

Un verano después, Paco López sigue causando confusión en nuestros rivales. De la confusión pasarán al miedo, y del miedo, lamentablemente, al combate. Ahí ya se verá al Paco López que de momento no me concierne. El que me interesa es el que a esta hora de la tarde tiene unas estadísticas dirigiendo al Levante que, si no he calculado mal, nos tienen que llevar a ganar el Mundial de Clubes de la temporada 2020-21. La Liga ha despertado y Paco López sigue ahí.

Carta abierta al Community Manager del Levante

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Estimado Community,

Hablaré contigo y de ti pero sé que solo eres la cara visible de un despropósito colectivo, tranquilo. También sé que me estás leyendo, fiera. Twitter es muy pequeño y al final todos nos conocemos. El de la radio, el de la columna de opinión y el del wordpress.

No sé quién eres y no tengo la más mínima intención de identificarte. Seguramente te cuentas entre ese grupo de simpáticos abejorros que revolotean alrededor del Levante, también conocidos como Departamento de Comunicación. Estáis contentos por ahí, ¿verdad? Muchas visitas últimamente; mucha interacción, mucho RT.

Iré al grano. ¿Se puede saber qué estás haciendo? ¿Te crees que no nos hemos dado cuenta? Y con el equipo que pronto será un cadáver todavía caliente, qué desvergüenza. Te hablo de Fahad, no te hagas el longuis. El saudí genera esa cantidad enorme de seguidores, impresiones e interacciones de la que tanto presumís últimamente. Arabia Saudita tiene más de 32 millones de habitantes. Menudas cifras potenciales para las redes sociales de un club humilde ¿eh?. Eso debiste pensar después de la debacle en Anoeta. A la mañana siguiente de semejante ridículo, la cuenta de Instagram ha subido cinco (5) imágenes de las cuales cuatro (¡4!) están protagonizadas por Fahad, que poco tiene que ver con lo sucedido en Donostia. Sacar un recortable de Rubén Rochina mejor no, que no habría como justificarlo, pero rascar tres o cuatro seguidores árabes como quien no quiere la cosa, eso sí que podías hacerlo sin que te crujieran. Te he pillado, canallita. Me has obligado a desempolvar el Escuadrón y mira que tenía pocas ganas.

La línea editorial de las redes sociales del Levante es comprensible y sencillita, aunque no la comparto en absoluto. Las cuentas de Twitter e Instagram están completamente infantilizadas y todo es buen rollo, cachondeo y camaradería. Pero uno tiene que ser consecuente. Las previas de los partido en RRSS, concebidas como reportajes de los jugadores del primer equipo yendo de excursión escolar al jardín botánico o a Terra Mítica, contrastan a niveles sonrojantes con el mutis en todos los canales tras la finalización del partido-fiasco. Si desde Comunicación podéis encarar la previa de una jornada como auténticos enajenados balompédicos, también podéis encarar lo ocurrido en el post-partido, aunque toque asumir un tono más grave.

He echado cuentas. Desde que Fahad fichó por el Levante, protagoniza aproximadamente una de cada tres fotos (49 de las últimas 160) de la cuenta de Instagram del club. Por supuesto, no cuento las imágenes tomadas durante los viajes y los partidos. Fahad no vino para participar en ellos. ¿Hasta cuando durará la simulación del entusiasmo por el saudí? Ambos sabemos que su fichaje forma parte de una operación horrenda de marketing de La Liga y que lo más probable es que nunca llegue a debutar con la camiseta del Levante. No descarto que en el contrato de su fichaje haya una clausula que especifique una cuota de visibilidad en redes sociales.

Faltó evaluar los riesgos de atraer masas de usuarios hacia las vías de comunicación entre el club y el aficionado. El espacio del que disponíamos los levantinistas en los distintos canales del club para el diálogo, el intercambio de impresiones y los insultos a Boateng ha quedado completamente devastado y no sabemos si algún día llegaremos a recuperarlo.

Aquí, la valoración que los seguidores del Levante hacen del once titular que Joaquín García sacó para medirse al Espanyol femenino este sábado en la Liga Iberdrola:

Where the fuck is Fahad ? Play him or bring him back“.

Por cierto, les metimos un 0-6.

Aquí, un seguidor del Levante comentando la visita de Carol Marín y Sergio Postigo a la escuela Mare de Déu de l’Olivar de Alaquàs:

“يواجه نادي ليفانتي الإسباني الذي يلعب له النجم السعودي فهد المولد، عقوبة الحرمان من ممارسة كرة القدم لمدة قد تصل إلى  سنوات بتهمة التلاعب في نتائج المباريات.”

Bien, así en cada publicación unas veinte, cincuenta o doscientas veces.

Es normal, los chavales están inquietos. Es año de mundial, hemos fichado al mejor futbolista del país y le damos todo el bombo del mundo. Para ellos es absolutamente incomprensible que no juegue. Yo tampoco entendí que a Elsa Pataky, en su desembarco en Hollywood, solo le dieran un papel de mierda en Serpientes en el avión. Me uno al grito unánime: Where is Fahad? WHERE IS FAHAD?! Al menos, fichar al saudí y el tsunami de interacciones árabes ha servido para que a muchos se os vea el plumero. Que algunos sois unos putos racistas, digo.

En el mismo sentido, convendría relajarnos en las redes con nuestras victorias pírricas. Primero tocó volvernos todos locos con Coke Andújar porque Coke Andújar celebró mucho un empate contra el Deportivo apretando el puño y con la camiseta Imperio. Luego sacasteis un recortable de Pazzini. Un recortable, buena Community… Después de aquello no ha tocado ningún balón el hombre. Igualmente, puede que alguien en comunicación se precipitara un poco publicando por todo lo alto una entrevista a Emmanuel Boateng. Que es muy malo, caramba. Maldita la hora en la que anotó frente al Real Madrid. Quizás ganamos un punto, pero nos condenó a tenerlo 300 minutos más en el campo esta temporada en agradecimiento por los servicios prestados, y desde luego no compensa. Puede que aquella entrevista no solo tenga que ver con que os emocionáis rápido y con poco a pesar de que el equipo va cuesta abajo y sin frenos desde noviembre. Puede que, a sangre fría, intentarais blanquear que el delantero negro de este año (2 millones de euros por lo bajo) posee la misma inteligencia táctica sobre un campo de fútbol que una oca sin cabeza. Puede que trabajéis pérfidamente para tapar todas las negligencias que se han cometido en este club desde el cabezazo de Postigo al Oviedo. Puede que te ganes un unfollow. Eso sí que te preocuparía, Community.

Recibe un cordial saludo del Escuadrón 5|4|1.

 

P.D. Escribe más en valenciano, insensato, que pronto lo prohibirán.

 

Algo cambió en segunda división

Jornada 1 de la Liga Santander 2017/18. Levante 1 – Villarreal 0.

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Nunca el Levante ejerció tan como local en primera división como anoche. Muñiz demostró que quiere darle continuidad a la tiranía que detentábamos en la Liga 1|2|3 y, aunque no nos será posible —estamos en primera—, esto significa que el Levante encara su nueva etapa en el fútbol español desde un planteamiento distinto al de los últimos años.

En este aspecto, ayuda que conservemos prácticamente la totalidad del equipo que subyugó a 21 clubes de fútbol durante la pasada campaña y el hecho de que las caras nuevas fueron totalmente extrañas hasta el día de su presentación. Bardhi, Alegría, Boateng o Doukouré; hombres que de no haber sido fichados por Tito no existirían, como el árbol que cae y nadie lo escucha. Fichajes puros que no tienen por qué incidir de ningún modo en cómo afrontamos la andadura por primera división. Fichajes que, en definitiva, nunca han sido entrenados por Lucas Alcaraz o Joaquín Caparrós. Ellos tampoco tienen ni idea de a qué se dedicó el Levante en su últimos años en primera. Son una tabula rasa y Muñiz pretende inculcarles mentalidad ganadora.

Eso sí, no renunciamos a la base de todo esto: el Levante 2010-2015, periodo en el que en el Ciutat de València vivimos una auténtica invención de la tradición. En esta etapa se instauraron unos principios que se repiten una y otra vez, que implican continuidad con nuestro pasado reciente y que nos definen como lo que somos. Esto es, por ejemplo, acabar el partido con tres africanos yendo a la presión sacando espuma por la boca mientras los niños (¡somos el equipo de los niños!) profieren berridos en grada central. El nuevo Levante es ser ser en primera lo que fuimos en segunda, de nuevo con nuestros negros y nuestra auto-conciencia enfermiza de ser un equipo pequeño.

Es evidente, no es el mismo Levante. Queremos pensar que algo ha cambiado. La Liga 1|2|3 nos enseñó cuan fascinante es ganar. Doña segunda división amplió nuestros horizontes y nos hizo mejores, como un voluntariado en el Nepal. Pocos esperábamos el día de su presentación que Juan Ramón López Muñiz lideraría el giro copernicano granota de todos los tiempos.

Viaje a la última jornada

Jornada 42 de Liga 1|2|3. Levante 1 – Huesca 2.

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Los chavales contentos

La road movie empieza con una bandera del Levante haciendo las veces de persiana en un cuchitril del Raval. El nét de la vídua, el inquilino, se lleva del pisito a Valencia una tabla de snow, un marrón con unos listones de contrachapado y al del Escuadrón, el que escribe. Inmejorable equipaje, excelente punto de partida.

El nét de la vídua pisa fuerte y conduce por la izquierda, no es de extrañar que en prácticamente hora y media ya estemos atravesando un secarral interminable, sospechosamente valenciano. En lo alto de un montículo que preside la nada, entre arbustos grises y montículos aún más mediocres, una construcción nueva y, sin embargo, abandonada. “Discoteca en venta”; es el País Valencià, no hay lugar a dudas.

Una vez en la capital no nos estamos de dar un rodeo para escupir delante de Mestalla. Los desplazamientos se aprovechan también para visitar al enemigo y recordar que efectivamente algo se rebela en el alma cuando contemplas sus símbolos.

El centro de operaciones desde el que actuaremos durante nuestro periplo es la habitación de Vicent. Una cama, unas perchas, un tablón sobre caballetes y los recuerdos de quien podría ser perfectamente Martí Marcó. Al otro lado de la puerta, personas de trato esquivo; lo que ha quedado de la real Valencia de los 90 y unas voces que cuchichearon “todavía respira” y “deja que se muera” a primera hora de una mañana.

A grandes rasgo, más que correcta ciudad con trenes que se meten hasta la cocina y un ex-río que da más vida que si llevara agua. El centro no está secuestrado y te lo explican Bien sin recurrir apenas a tuits plantilla. Puestos a escarbar bajo la alfombra, seguimos caminando más allá de la entrada del Oceanogràfic, más allá de lo que luce. Ahí se abre la puerta a un cul de sac post-apocalíptico vallado con placas de hormigón y empapelado con el rostro de Bertín Osborne. Hasta ahí duró el presupuesto.

Pero hablemos del Sarao, ese ciclo superior de voceo y vergüenza ajena. El propietario de la arrocería con nombre de burdel coqueteó en no pocas ocasiones con la idea de verter mercurio en el vino cada vez que estallaba una copa en la mesa de los impresentables del Levante. Todos ellos, además, fácilmente identificables porque llevaban (llevábamos) camisetas corporativas. Gritos, algarabía y estupor entre el resto de comensales. Eso es, provocar estupor en el entorno es el fin último del Sarao.

Ya en los aledaños del templo, uno puede contemplar el espectáculo de la Somalia mediterránea; niños desnudos bailando alrededor de una paella inmensa mientras que a poco metros se reúne gente más de Adolfo Hitler que de Adolfo Suárez. Se acumulaban multas de Antiviolencia superiores al PIB de repúblicas caribeñas. Sonrisas incómodas antes y durante la llegada de la policía montada, con Aleksandr Puixkin detrás del burladero observándolo todo. Una señora hacía proselitismo autoeditado de la carrera futbolística de su padre, que jugó en el Espanyol y le había metido dos goles al Levante cuando los tomates sabían a tomates. También estalló un extintor. Y la cassalla llegaría después, ojo.

El de los cuchillos y la mamut vinieron de Madrid a lo del Levante pero ni siquiera se quedaron al partido. Esa fue una lección muy valiosa. ¿A quién le importa el condenado Levante? Porque una cosa es el Levante, y otra muy distinta lo del Levante. Eso sí, el Escuadrón entró al estadio, para aprovechar el viaje más que nada. Contábamos con la presencia de toda Huesca y media Jaca. Gente que venía a por lo suyo, algo relacionado con subir a primera.

Por parte de la afición local lo que abundaba era el cachondeo generalizado. Con uno menos y Oier calentando para empezar con la tanda de homenajes, José Luis dejó sin voz a la grada Pirineos con una jugada al más puro estilo mierder. Los aragoneses muditos, como casi siempre durante el periodo espléndido de la Corona que llevaba su nombre. Durante los siguientes diez minutos, los oscenses más cercanos a los hombres fuertes del Sarao no acabarían de tener claro si la afición granota es simpática y amigable o si es que realmente se estaban riendo de ellos en la cara. Lo cierto es que se llegaron a mentar las cuencas hidrográficas de cada uno, en lo que fue un feo gesto que no debería repetirse jamás.

Para cuando el Huesca remontó, la mayor parte del público hacía rato que no dirigía la mirada hacia el césped. El que escribe, por poner un ejemplo, se perdió tres de los tres goles por estar solazándose con una conocida aplicación móvil de citas. Nuestro éxito en segunda se ha alargado tanto en el tiempo que a 10 de junio apenas burbujea. Por eso, algunos nos mimetizamos con la afición visitante, porque tenían más que celebrar. El ser humano es extraordinario; un hombre al que el fútbol se la trae sin cuidado y que no conoce un solo futbolista de segunda división de repente puede empujar y golpear a quien se le ponga por delante con tal de chocarle la mano a Carlos Akapo. Nos faltó saltar al campo a mantear al putero de Anquela, tal fue nuestro nivel de compromiso con los fastos de los de la cruz de San Jorge. Eso sí, las buenas palabras, abrazos y sonrisas las repartimos con el paternalismo del que sabe que Bordalás es un escollo insalvable.

A la salida del estadio comprobamos que efectivamente hay gente que se queda a esperar ver pasar el coche de Esteban Saveljich. Una buena manera de certificar que hay mil maneras de disfrutar de este club. Otra de ellas es volverse y seguir desde la distancia las locas aventuras de nuestros jugadores, ahora en Primera División™.

P.D. Entrada publicada cuarenta y tres días después del pitido final del partido. Las cosas tardan, pero al final llegan. Como Nikos Karabelas a línea de fondo.

Juan Muñoz y los randoms

Jornada 40 de Liga 1|2|3. Levante 3 – UCAM Murcia 1

Jornada 41 de Liga 1|2|3. Lugo 1 – Levante 0.

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El stagier del Levante también era bueno. Juan Muñoz se ha hartado de colocar conos y recoger petos y ahora reparte lecciones de delantería. Dos goles a los curas, una asistencia, un saludo al Zaragoza, un toque al Sevilla y un guiño a Tito el de los fichajes. Lo ha conseguido; ahora sí nos acordaremos de él como un integrante más de la plantilla del ascenso 2017. No se ha dejado nada al azar, ni siquiera el intercambio en invierno de delanteros que no juegan. El de antes producía compasión y el de ahora ilusión.

Si no fuera porque no hay imágenes de los jugadores haciendo el payaso en Isla Canela se diría que estamos ya de pretemporada. Le hemos ganado un tiempo precioso a la Liga Santander que los pusilánimes del Girona y el que salga del play off no tendrán. Además, solo ahora las lesiones han empezado a faltar al respeto a la columna vertebral del equipo y Muñiz quiere que los llamados ochocientosminutos también se diviertan. Y claro, a los chavales les ha gustado esto del Levante y responden. Gracias a ellos estamos compitiendo hasta el final. Por otra parte, ha quedado demostrado que con Víctor Casadesús de titular toda la temporada a lo mejor 84 puntazos no, pero sí tendríamos 82 puntitos y habríamos disfrutado de muchísimo fútbol en las botas del Messi de los mesudalapolla. Ojalá toda la vida en estado perpetuo de ascenso matemático y con los randoms reivindicándose semana tras semana.

La gestión de la plantilla por parte de Muñiz no te la firma ni el entrenador adolescente de equipo de colegio al que los padres le advierten en septiembre que lo prioritario no es ganar sino que los niños lo pasen bien. Exactamente eso pero subiendo a primera. Y le mentasteis a la madre por lo de Espinosa.

Si algún día el TAS nos quiere sancionar por aquel verano en el que Quico Catalán y Manolo Salvador recorrieron el cuerno de África vestidos de coronel Tapioca y armados hasta los dientes con escopetas de sedantes a la búsqueda de delanteros centro, que sea en este mercado que pronto abrirá. Con lo que tenemos nos sobra y nos basta para los próximos cinco años*.

*En realidad no.

Arrastrarse no, ganar la segunda sí

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El Levante y las últimas jornadas de liga. Las últimas jornadas de liga y el Levante. El tándem de la vergüenza. Cuanta desazón nos han brindado los nuestros durante los mayos. Aunque, en Descarga del Levante, tenemos que decir que no es algo exclusivo de nuestro club.

En el año Koné, Arouna Koné metió un gol, alguien echó cuentas, y el costamarfileño abandonó el campo entre risas simulando una lesión. Existía la posibilidad de meterse en Champions para que nos eliminara el Hamburgo en una previa de agosto, pero preferimos la táctica Marqués de Comillas y explotar el comercio de delanteros subsaharianos. La plata o la vida.

Más oscuro fue el año Martins. De Obafemi no quedaba más que el recuerdo de su avaricia y su legado era un pobre diablo italiano de metro noventa que era bombardeado a balones en largo cada fin de semana. El mes de abril (“el agosto”, según Juanfran) fue sucio y miserable. El mayo, depresivo. Barquero el de las verdades se quedó solo. Esperpéntica rueda de prensa pidiendo disculpas; en sus ojos se podía ver reflejada una recortada apuntándole directamente entre ceja y ceja. Y qué cejas tan lindas tenía Barkero. Aquel año fue un homenaje al fútbol griego con Nikos Karabelas, Theofanis Gekas, Loukas Vyntra y Panagiotis Maletines.

Las últimas jornadas de la liga del año Baba las recordaremos por Joaquín Caparrós saliendo a buscar el cero a cero con el equipo ya salvado. Aquellos días nos hicimos más del Levante y menos del fútbol. Del año Uche mejor ni pensar. El recuerdo que permanece es una nebulosa extraña en la que solo se distingue a David Barral presionando mucho. También con Rubi no nos jugamos nada en las últimas jornada, pero esto fue por otra cosa.

Ahora, el equipo de Muñiz se ha puesto como objetivo tachar de gentuza a todos los integrantes de las plantillas anteriores al 2016. Ganar, ganar, ganar y volver a ganar aunque ya haga calor. Gustándonos contra el segundo mejor equipo de la categoría y sacando un empate asqueroso en las Islas Canarias contra unos que se juegan el ascenso. Y de tanto competir hemos ganado un título. Espera, ¿hemos ganado un título? Hemos ganado la Liga 1|2|3, pero no sé si un título. Imagino que esto se celebra pero flojito. No hay un protocolo claro al respecto. Se puede celebrar en instagram pero no es necesario sacar el autobús otra vez y recorrer Valencia como las tortugas ninja en su camioneta amarilla. Apesta a que Javier Tebas tiene stock de los míticos trofeos de actividad extraescolar y algo vamos a rascar. Encima de la tele de la madre de Juan Muñoz, junto a la sevillana y el tapete, quedará que ni pintado.

Al final has ganado la Liga 1|2|3, pero, se mire como se mire, estás en una posición inferior al Granada de Tomi Adams. Son las cosas del descender (Rubi ™).